Con la creación del Programa Permanente x los Derechos Humanos_FAU, en 2015 y con el compromiso de profundizar las políticas de Memoria, Verdad y Justicia, se inició la búsqueda, organización y registro de la información disponible sobre las víctimas del terrorismo de Estado de nuestra Facultad.
Ese año se comenzó a trabajar en la construcción de biografías personales que van más allá de consignar datos en fichas; necesarias pero no suficientes a la hora de dar cuenta de la vida –breve e intensa- de compañeras y compañeros. Y los nombres de La Espiral recuperaron sus rostros en la instalación mural del hall de la Facultad.
Ambos son proyectos inconclusos. El primero, por su permanente construcción; el segundo, por la imposibilidad de materializar en aquel momento la idea original: que los espacios vacíos –hasta ayer grises- sean espejos en que se reflejen quienes miran cada día a quienes nos observan desde el pasado. La palabra espejo proviene del latín spaculum que significa observar, mirar… un espejo es, entonces, un instrumento de mirada que permite ver la propia imagen reflejada.
De allí surge la idea de la Historia como espejo en el cual ver el presente. El reflejo de la historia es la imagen del pasado que se manifiesta e interpreta en el presente, tanto para entender un origen común, como para construir la identidad de una sociedad.

La memoria se puede entender entonces, como un espejo que refleja el pasado en diálogo con el presente, como para reconocernos hoy entre quienes –forzadamente- ya no están.
Los aportes al mural tienen lugar a 10 años de su inauguración por la Red de Ex Alumnos FAU y el día 3 de septiembre, aniversario de la primera entrega de legajos recuperados en la FAU, ocurrida en 2018.