2A. Un presente para construir memoria y futuro
Desde 1982, el 2 de abril quedó asociado al desembarco de tropas argentinas en las Islas Malvinas, ordenado por la dictadura cívico militar -instalada el 24 de marzo de 1976- con el objetivo de recuperar al archipiélago invadido y apropiado por el Reino Unido en 1833.
En nuestra ciudad, desde 2013, esa fecha se vincula también a la tragedia evitable de su mayor inundación. Un hecho que, 133 años después de la fundación de la “Nueva Capital”, puso en primer plano falencias en lo material como producto de decisiones políticas y técnicas (erróneas, erráticas o ausentes).
Ambos acontecimientos forman parte de nuestra trama social, de nuestra historia reciente. Son “pasados que no pasan”, al decir de la antropóloga Ludmila da Silva Catela.
Una de las maneras de resguardo del pasado son las trayectorias biográficas, los recovecos de las historias personales. El inicio de la Guerra de Malvinas está alojado en relatos de radio, llamados telefónicos, un aviso de un familiar o un vecino. Durante la inundación, todos recordamos dónde estábamos, con quiénes, haciendo qué; también quedó retratada en intervenciones de grupos artísticos, murales y acciones colectivas.
Las remembranzas se enlazan al imperativo de recordar para que estos hechos no vuelvan a suceder, conjugan las formas de ejercer justicia y construir futuro.
Ver nota completa
|